otro intento

 

Capítulo 01

{—Surgió una malvada idea—}

 

Tengo una extraña especialidad desde que nací. Se trata de una serie de hechizos mágicos que se mantienen alojadas en mi cerebro y me da la capacidad de realizar magia. Aunque lamentablemente, estos hechizos en mi cerebro no son de esos increíbles hechizos mágicos que te permiten controlar increíbles bolas de fuego o ejercer una fuerza inhumana, ni mucho menos manejar armas como la espada o el arco. Para ser especifico… ninguno de los hechizos alojados en mi cerebro está orientados a la fuerza o defensa.

Todos los hechizos en mi mente están orientados al campo de la perversión lujuriosa.

Sí, tal cual como lo has oído.

Según un pequeño fragmento que vino alojado en mi cerebro junto con los hechizos, el origen de esta extraña especialidad se remonta a un misterioso y desconocido mago del pasado.

Un mago muy poderoso y con una increíble capacidad mágica que resultaba ser un asqueroso pervertido de closet. ¿Pervertido de closet? Sí, un mago pervertido el cual era alagado y seguido por miles de personas. Según el recuerdo, él mago era increíblemente popular y mantenía una imagen de ser un mago recto y con una gran popularidad de ser un mago de la justicia que luchaba contra el mal del mundo.

Pero lo que nadie sabía, era que este mago altamente valorado era un vulgar anciano pervertido que cuando se encerraba en un lugar fuera del público, se dedicaba a estudiar y crear raros hechizos orientados a la perversión y lujuria, como, por ejemplo; un hechizo capaz de espiar debajo de las faltas de las chicas, u otro ejemplo; también había un hechizo que provocaba una burda excitación sexual repentina en cualquier chica a la cual se le lanzase el hechizo.

Todos esos hechizos que el mago creaba a escondidas, eran orientados hacia sus fantasías pervertidas.

Y como podrás imaginar, este mago parece haber fallecido en su mundo y por razones inentendibles, todos esos hechizos que el mago había pasado creando en el closet se teletransportaron dentro de mi cabeza.

Ahora tengo un libro repleto de hechizos pervertidos alojado entero en mi cabeza.

Y te preguntaras, cuál era el problema, ¿cierto? A primera vista no parece razón para estar enojado ni nada por el estilo. En más, mucho podrían considerarlo toda una bendición del destino nacer con semejante enciclopedia de hechizos en el cerebro.

Muchos estarían felices.

Incluso yo no niego que nací con una increíble peculiaridad, pero lamentablemente….

…..

……..

---¡Esta mierda no funciona!

Si, los hechizos no me funcionan. No importa lo que haga o lo que intente, no logro activar ninguno de los hechizos que tengo alojado en el cerebro. Nada de lo que intento parece funcionar.

---¿En que estoy fallando? ¿Por qué no puedo hacer uso de ninguno de los hechizos?

Ya olvidé cuantas veces me había hecho esas mismas preguntas.

He perdido la cuenta de cuantas veces reuní maná en mis manos intentando activar el hechizo tal cual como lo tenia prescrito en mi cerebro. Pero no había caso, siempre falla la activación de la magia.

Básicamente, tengo una enciclopedia gigante de hechizos dedicado a la perversión alojados en mi cabeza, pero no tengo forma de activarlos o usarlos.

Con la frustración hasta el límite, finalmente estaba cerca de cumplir los 15 años, y aproveche para pararme delante de mi estricto padre para decirle.

“¡P-Padre, por favor, quiero asistir a la academia de magia!”

Utilice todo mi coraje reunido para decir esas palabras, mientras me incline y aprete mis puños, mostrando la mayor humildad que podía para provocar al menos un mínimo de favor de mi padre.

Mi padre sentado en una silla alta y costosa frunció su ceño mientras miraba a mi tembloroso cuerpo con sus afilados ojos de halcón. Mi padre resulta ser un alto general del ejército increíblemente estricto y serio. Incluso se dice que la mirada de mi padre fácilmente puede intimidar a los soldados mas experimentados, y hasta incluso se dice que su mirada logra provocar miedo en el bando enemigo de cualquier ejército.

Yo siendo aun un niño de 14 años, es inédito ararme delante de mi padre. Mi corazón late rápido y no puedo evitar que me tiemblen las piernas ante la voraz mirada de mi padre. Siento como si estuviese delante de alguna clase de bestia prehistórica, no puedo dejar de temblar.

Pero de alguna forma, este coraje para pararme aquí el cual me tomo una semana entera reunirlo, parece haber sido reconocido por mi padre que asintió satisfecho y hablo:

“Mocoso, finalmente empiezas a mostrar un poco de las cualidades mías. Nunca te atreviste a pararte delante de mí, siempre huyes como una ratita por lo que incluso pensé que eras hijo de otro.” Mi padre se acarició su mentón y reflexiono solo unos segundos antes de tomar una decisión.

—¡Bien! ¡Eric, me has dejado una buena impresión al tener el suficiente coraje como para pararte delante de mi y pedirme un favor! — dio un fuerte respiro y me dijo.

—Te concedo tu favor, a partir de tus 15 años te enviare a la Real Academia de Magia en el Imperio Grettence. Enlístate y prepárate para partir el mes que viene.

Fue así como logre ser inscrito en la academia de magia.

Y en la noche cuando todos estaban durmiendo, mire a la luna grande en lo alto y clame.

“¡Todo sea por poder utilizar esos hechizos, maestro mago!”

909p

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