cap01
«Capítulo 01»
Volví a tener ese viejo sueño.
En mi sueño, me vi a mí mismo a los nueve años siendo un
pequeño muchachito de tez pálida y ojos llenos de inocencia y anhelo como emoción.
Estaba en mi antigua cama mientras una hermosa mujer de cabello castaño claro y
unos ojos llenos de calidez me arropaba entre las sabanas para cubrirme del
frio. Era invierno, y afuera estaba nevando.
—Bien cariño, ¿quieres que te lea de nuevo ese cuento?
—¡Si! ¡Quiero, quiero escucharlo de nuevo, mama! —es lo que
dije mientras mis ojos parecían brillar de emoción y expectativas. Sin duda era
todo un niño emocionado. Mi madre al verme tan emocionado, se rio un poco y
tomo un viejo libro desde el estante que estaba a un lado.
En la portada del viejo libro se podía ver el dibujo de una
especie de héroe valiente que sostenía una brillante espada mientras se
preparaba para enfrentarse a los monstruos y proteger a la gente que estaba detrás
de él. Y a un lado, se podía ver también el dibujo de unas gigantescas murallas
que eran iluminadas por el brillante sol del amanecer esperanzador.
Este libro, este cuento infantil que mi madre siempre me
contaba de niño momentos antes de irme a dormir se llamaba «La Leyenda del Héroe
de las Murallas de Dios» y contaba la historia de cómo fue que el antiguo héroe
de la humanidad se alzó para luchar contra los monstruos del exterior mientras protegió
a la gente y nos salvó de la extinción al ayudar a levantar las grandes
murallas que nos resguardan del mundo de afuera.
Esta es la historia del héroe Spartacus Lilinert William, el
primer emperador del reino de Gretta.
—Fufu mírate, sí que te gusta la historia del héroe Spartacus,
eh, Gally—Mi madre bromeo conmigo, jugando con mis blandas mejillas.
—¡Ah, mamá! ¡No juegues con mi rostro! —Protesté enojado, pero
mi enojo solo parecía divertir aún más a mi madre que continúo jugando y bromeando.
Luego de ello, mi madre regreso a su asiento que estaba
enfrente de mi cama para empezar a leerme el libro de cuentos. Yo sintiendo un
poco de frio, me acurruque entre las sabanas mientras me prepare para escuchar.
Esa noche mi madre paso toda la noche contándome nuevamente la
historia del héroe que salvo a la humanidad de los monstruos de afuera de las
murallas. El héroe que creo y levanto las murallas con sus propias manos. El héroe
del cual yo… siempre fui fanático.
Quizás debido a esos cuentos, de niño nació en mi un pequeño
sueño de algún día ser como ese héroe valiente que protegió a la humanidad. Quizás
de allí nació ese tonto sueño.
Pero fue simplemente un sueño de un niño pequeño.
Un sueño el cual no pasaría mucho tiempo para que quedase hecho
trizas y despedazado ante la muerte de mi madre y ante el hecho de que yo
estuve allí, presente cuando ella murió, y no pude hacer nada para salvarla. El
infantil sueño de ser un valiente héroe que salva y protege a la gente quedo
totalmente hecho trizas cuando no pude salvar a mi madre, la mujer que más
amaba…
***
*¡Pum, pum, pum!*
Apenas eran las 09 de la mañana, cuando fui abruptamente
despertado por unos feroces golpes a mi puerta.
Los golpes fueron tan fuertes, que hizo temblar mi puerta y parecía
que la persona que estaba del otro lado de la madera intentara patear abajo la
puerta. Aunque no me extraño, ya que conozco a la persona que golpea de este
modo.
—¡Oye, Galliar! ¡¡Se que estas dentro, abre la puerta ahora!!
Grito la persona al otro lado de la puerta antes de volver a golpear
la puerta.
—… Maldita sea. Este idiota ya sabe que estoy de regreso. —maldije
para mí mismo mientras frunzo el ceño con molestia y algo de jaqueca. Todavía
me siento algo mareado. Moví mi mano para tirar mi cabello totalmente desordenado
hacia atrás, pero en el movimiento, sin querer tiré varios objetos que estaban
amontonados en el escritorio al suelo.
La persona al otro lado escucho el ruido.
—¡Galliar! ¡Habré la puerta!!
—Joder. Si me atrapa ese idiota, no me dejara libre hasta
luego de un par de horas.
Me levante de mi asiento, volviendo a tirar varias cosas que
estaban en mi muslo.
Y lo peor
de todo, es que no solo el lugar es un chiquero, sino que el olor a humedad que
desprende os bordes de las maderas es terriblemente molesto.[am1]
A toda prisa, rebusque entre el desorden mis botas para ponérmelas.
Luego de ello, me moví nuevamente hacia el desordenado
escritorio en donde abrí el segundo cajón de abajo, y desde el interior saque
un viejo reloj de bolsillo el cual lo tomé entre mis pálidos dedos, frotándolo
por unos segundos como si recordase esa sonrisa brillante e increíblemente
amable que vi en mis sueños.
…madre.
Pensé en ella.
Pero los golpes en la puerta que volvieron a sonar me hicieron
regresar en sí.
—¡Maldita sea, ese bastardo de Galliar no planea abrirme!
—S-Señor, no puede tirar la puerta, el amo se enojada…
Junto a las maldiciones de esa persona, mi hermano mayor, también
se escuchó las voces nerviosas de varias sirvientas que parecían intentar
calmar a mi hermano para evitar que este tire la puerta abajo.
—¡Demonios, ustedes vayan abajo y tráiganme la llave maestra
ahora mismo! ¡Muévanse!
—¡S-sí, en seguirá señor!
Mi hermano ordeno traer la llave maestra para abrir mi puerta.
—Tsh… que idiota molesto.
Tras buscar y ponerme una camisa ya que parece ser, en el
estado de ebriedad que estuve ayer, me dormí casi sin ropa. Luego de abrochar
todos los botones, me subí a mi escritorio y abrí la ventana de la habitación.
El viento de la mañana ingreso por la ventana abierta volando los
últimos papeles que estaban sobre la mesa por los aires.
Pero no me importo y con un leve brinco, salí afuera al tejado
de la mansión.
Esta es la mansión de la casa Cornelius a la cual pertenezco,
por lo que, con una altura de varias plantas, la mansión conta de un territorio
increíblemente grande y varios edificios interconectados como un museo propio y
una biblioteca.
Ya acostumbrado a escaparme, camino por el tejado inclinado de
la mansión moviéndome velozmente y saltando hacia un viejo árboles para bajar
por el tronco hasta el suelo del patio. Luego de bajar y sacudirme las hojas
pegadas a mi ropa, corro por el jardín hasta llegar a un paredón de unos dos
metros de altura.
—¡Galliar, maldito seas! ¡¡Vuelve aquí ahora mismo!!
Desde la ventana de mi habitación veo que mi hermano asoma la
cabeza gritándome con enojo, maldiciéndome a gritos.
Como despedida, le lanza un pícaro guiño con el ojo izquierdo
y salte para trepar por el paredón y escapar al otro lado, fuera de la mansión.
Lo último que escuche antes de pisar el suelo de tierra del
otro lado y echarme a correr hacia la ciudad del centro, fueron los gritos de
ese idiota.
—¡¡Galliar, no te vas a escapar esta vez!! ¡Te voy a encontrar,
mocoso!
***
La mansión de la Casa Cornelius no se encuentra muy alejada de
la ciudad urbana por lo que no me tarde mucho en llegar al centro de la ciudad.
Mirando alrededor a las enfiladas casas de techos rojizos y
estilo monárquico con suelo asfaltado y calles repletas de peatones y carruaje que
van y vienen, deje escapar una sonrisa algo malvada.
Esta es la lejana ciudad de Valencia, una de las quince
ciudades que se encuentran en los alrededores de esta región del imperio.
Hoy el clima esta caluroso y algo humero, siento que polivalente
en la noche llueva, pero ahora mismo, las calles de la ciudad se encuentran
totalmente abarrotadas de transeúntes. En los costados de las calles, decenas
de puestos ya sea de comida o de venta de frutas, trigo, etc., se encuentras
trabajando a todo vapor. Los vendedores no paran de gritas anunciando sus
productos, mientras que la gente se amontona cruzando las calles y deteniéndose
en alguno que otros puestos para comprar. Los caballos relinchan cada vez que
el cochero se ve obligado a detener debido a la multitud y gritar que se hagan
a un lado o les pasara por encima.
Sin duda, hoy es un día acalorado y con mucho tránsito.
Mientras tránsito por entre los puestos, esquivando a la gente
que viene y va, veo adelante una pequeña discusión sin mucha importancia. Los
peatones que cruzan parecen acostumbrados ya que suelen darse este tipo de discusiones
entre compradores y vendedores de vez en cuando en un lugar tan lleno como el
centro de la ciudad.
—¡Ya le dije que no me ha pagado, señor! ¡Usted tomo las verduras
de mi puesto, y aun no me ha dado ni una moneda de cobre por lo que tomo, le
advierto que si no me paga llamare ahora mismo a los guardias para que lo
arresten por robo! —grito el vendedor mientras intentaba quitarle las verduras
que un hombre canoso arrogante no quería devolver.
Por lo visto, el hombre estaba intentando llevarse las verduras
de manera desapercibida sin pagar por ellas.
Normalmente los vendedores rodearían a los ladrones y los molerían
a golpes si no fuese porque este hombre actual, parece ser un invalido que utiliza
unas muletas.
—¡Suéltame, ya he dicho que te pague! ¡Suéltame abusador!
—¡No lo voy a soltar hasta que me pague, maldito ladrón!
Vi la situación y simplemente dejé escapar una pequeña risa de
burla. Puedo ver desde aquí que el hombre parece estar mintiendo ya que su acto
de andar en muletas poco a poco con los empujones, parece estar siendo expuesto.
El ladrón tiene sudor en su frente, y esta forcejeando para
intentar librarse y escaparse rápido.
…Bueno, aprovechare aquí.
Pase justo al lado del ladrón y continúe mi camino, alejándome
de la escena. Pero no sin antes, sonreír con una sonrisa de luna invertida al ver
en mis manos una cartera de color rojizo con líneas de tela. Esta cartera es la
que le acabo de arrebatar desde el bolsillo al ladrón sin que se diese cuenta.
Ladrón que roba a ladrón, ja.
Me detuve en un viejo callejón escondido que estaba cerca de
una tienda de comida y allí, revise la cartera que acabo de robarle al ladrón y
dentro, encontré unas ocho monedas de cobre. No tenía mucho el maldito, pero al
menos supongo que me alcanzara para un tarro de alcohol.
Guardé la cartera en mi bolsillo y salí nuevamente a la calle.
***
1820p
[am1]Falta
describir las botellas de cerveza
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