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«Capítulo 1»


Fue en medio de una fría noche nocturna cuando una caravana resguardada por un pequeño pelotón de soldados se encontraban navegando por entre los árboles rabuscos de las pendientes montañosas del este, cerca de la frontera de lo que sería el llamado Bosque Oscuro. La caravana la cual era tirada por una serie de seis a ocho grandes caballos oscuros, cargaba con dos grandes cargamentos que estaban cubiertos por una lona oscura camuflada para no ser detectada en la oscuridad.

En el viaje, varios caballos relinchaban mientras tiraban con fuerza de la embarcación y de vez en cuando, resbalaban sus pesuñas por el suelo lodoso y resbaloso. Las ruedas que de vez en cuando eran levantadas al toparse con una raíz de árbol, al caer salpicaba el sucio lodo sobre el carruaje, ensuciándolo.

Sin duda alguna, el lugar era una peste total.

Ningún comerciante en su más sana racionalidad elegiría aventurarse por estas fronteras llena de árboles boscosos y caminos húmedos y chascosos con todo tipo de animales reptiles acuáticos y plantas venenosas. Nadie se atrevería con excepción del viejo Curtis, un comerciante de popular fama en el reino por ser conocido como el buscador del oro. Un hombre que, sin importar el riesgo, mientras haiga oro en juego, correrá contra rio y marea para recoger ese oro.

—¡Vamos, malditos haraganes! ¡Empujen con todas sus fuerzas! —grito el comerciante Curtis mientras golpeaba el techo del carruaje para alentar a sus soldados. La rueda del carruaje lamentablemente debido al caótico camino, se había quedado atascada entre una roca y una raíz sobresaliente de un viejo arbole.

Al bajar del carruaje Curtis se enfureció al ver como su rueda nueva que hasta tan solo un mes mando a reparar, ahora estaba ahuecada debido a la maldita rais. Apretando los dientes, Curtis mando a llamar a todos los soldados que lo resguardaran para que se colocasen todos detrás del carruaje y ayudasen a empujar.

Mientras los soldados empujaban para sacar adelante el carruaje, Curtis gritaba e insultaba.

—¡Con más fuerza, malandros! ¿¡Acaso esta es toda su fuerza!? ¡Hasta mi nieto tiene más fuerza, empujen más!

—¡Aghhh! —gruñeron los soldados mientras empujaron todos juntos y el carruaje finalmente pego un salto y logro destrabarse de la raíz que le obstruía.

—¡Bien, lo hicieron bien! ¡Cuando volvamos de esta mierda de viaje, les recomenzare duplicando su paga!

Los soldados se ensuciaron cuando el carruaje se destrabo de la raíz y salpico lodo por todos lados. Incluso algunos de los soldados al ser llevado por la fuerza de su empuje, cayeron de frente contra el barro y los charcos de agua sucia, pero a ninguno de ellos parecía importarle tanto ensuciarse como la palabra ‘recompensa’.

—¡Muchas gracias, Viejo Curtis! —agradecieron en voces altas algunos de los soldados más entusiastas. Pero Curtis simplemente dejo salir un bramido con una sonrisa altimista.

—¡No me agradezcan, muchacho! ¡Sigamos adelante, rápido!

—¡Si, señor!

De este modo, la caravana continúa avanzando por el caótico y resbaladizo camino, hasta que, al cabo de una hora de tortuoso viaje, finalmente la caravana ingreso en lo que parecía ser una zona más estable y con menos árboles.

—Ya estamos llegando. —murmuro el comerciante Curtis que se sentó en el asiento cómodo y caro de terciopelo del interior del carruaje. A un lado, lo acompañaba un joven de cabello corto castaño que le servía té caliente mientras charlaban.

—Maestro, ¿usted qué piensa con respecto a este trato? ¿Cree que de verdad nos beneficiara? —pregunto el joven mientras por la ventana lanzaba una mirada curiosa, pero a la ve sospechosa hacia una lejana mansión que poco a poco se iba haciendo más visible a medida que la caravana se acercaba.

El comerciante Curtis también vio la mansión a lo lejos.

—No estoy seguro todavía, muchacho. Según lo que me he informado con respecto a este joven noble llamado Galliear, hace 3 años que fue expulsado por su familia a estas regiones boscosas como castigo. No se mucho sobre el motivo de la expulsión, pero lo que si se es que este mocoso sigue teniendo un gran peso en la familia y es uno de los candidatos a convertirse en la cabeza de la Casa Cornelius.

—… Así que fue expulsado, eh. Me pregunto por qué habrá sido, escuche que era muy inteligente y astuto.

—Si, yo también escuche eso. —Asintió el viejo Curtis con un asentimiento de cabeza, pero luego parecía recordar algo. —Aunque si bien no es confirmado, hace un tiempo atrás hubo un rumor con respecto a este mocoso de los Cornelius.

—¿Un rumor? —pregunto el joven aprendiz con ojos interesados.

El comerciante Curtis asintió y luego dijo.

—Se rumoreaba que el motivo de la expulsión y castigo de este mocoso Galliear era debido a su extraño gusto con las mujeres.

—¿Ah? —el joven hizo una voz tonta al escuchar. De todos los posibles motivos de castigo y expulsión de una casa noble y poderosa como lo era los Cornelius, lo último que esperaría era el término ‘gusto extraño con las mujeres’.

—Pero maestro Curtis, ¿es posible acaso que un gusto peculiar hacia las mujeres sea motivo para ser castigado? No es demasiado extraño.

—Yo también lo creo. Sin duda es algo raro de escuchar, pero se decía que el gusto de este mocoso Galliear no era solo un gusto extraño como que la chica tenga o no tenga un tipo especial de peinado y de rostro, o algún obbye especial. Sino que al chico Galliear parece gustarle las mujeres horriblemente feas.

—¿Qué demonios? ¿Sera eso cierto, maestro? —el joven parecía dudar de sus oídos. ¿A este noble Galliear que es posiblemente el próximo heredero de la conocida Casa Cornelius le interesan las mujeres horriblemente feas? ¿Cómo es eso posible? Pero espera, si es así entonces…

—¿Acaso su expulsión fue debido a que ese gusto podría dañar la imagen de la casa? —pregunto el joven al reflexionar sobre lo que su maestro le había dicho.

—No lo sé, pero ese era el rumor que se mantuvo por un tiempo en la capital. —el viejo Curtis sacudió su cabeza sin confirmar nada ya que él mismo tampoco sabía qué demonios ocurrió en la casa Cornelius como para que expulsaran a uno de los posibles heredados a esta abandonada región boscosa y maloliente como lo es las montañas que hacen frontera con el Bosque Maldito.

—Aunque si lo pensamos… —Curtis se llevó una mano a su mentón, acariciando su viejo bigote canoso, y luego giro lentamente su mirada hacia atrás, al compartimento que traían en el otro carruaje de carga que venía detrás. Ambos luego intercambiaron miradas extrañas al saber que traían en esos carruajes y luego dijeron al mismo tiempo.

—…Esos rumores podrían ser cierto después de todo.

—Exacto, si tomamos en cuenta el producto que nos encargó este mocoso Galliear, entonces… ¡Ugh! —el viejo Curtis se llevó una mano a su gordo estomago mientras hizo gestos de mal gusto, como si le hubiesen dado nauseas con tan solo imaginar el cargamento que traen detrás.

—Maldita sea, si el rumor es verdad entonces este chico Galliear de verdad está enfermo. Tiene serios problemas.

—… Pero maestro igual es un buen negocio.

—Negocio o no, ahora que se esto estoy dudando de seguir haciendo tratos con este chico Galliear. —Curtis sacudió la cabeza con un resoplido, y dijo. —Ahora cuando lleguemos, veremos qué tan confiable es este chico Galliear, y si es benefactoría seguir haciendo negocios con él o mejor hacernos a un lado.

—Entendido, maestro.

***

 

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