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«Capítulo 0»
Todavía puedo recordar aquel día.
—¡Mierda! ¡Alejen a ese muchacho del sucio demonio!
—¡Le ha mordido, está sangrando mucho! ¡Necesitamos
llevarlo a un médico pronto o morirá, Héroe!
Con un manantial de sangre derramándose desde el trozo
de carne que me habían arrancado del hombro, sentía como mi cuerpo se iba enfriando
mientras el dolor abrumador teñía todos mis pensamientos. Un dolor desgarrador,
que me hizo gritar de dolor.
Ellos me arrastraron a toda prisa varios metros lejos para
colocarme vendas en el hombro, intentando detener el sangrado, pero el tinte
carmesí no parecía detenerse. Mi vida estaba en peligro. Me estaba muriendo de
desangrado y dolor.
Entre los gritos de urgencias de esas personas que
intentaban detener la hemorragia de mi hombro, también pude oír a lo lejos los
gritos y sonidos feroces de peleas y troncos de árboles siendo destruidos en la
batalla. Había explosiones repentinas, gritos desgarradores y sonidos de metal
chocando entre sí con increíble ferocidad.
—… No… deténganse. —intente decirles, pero ya no podía
sentir parte de mi cuerpo, y mis labios estaban pálidos. La fuerza de mi cuerpo
se estaba drenando junto con la hemorragia que no paraba.
—No te esfuerces, chico. ¡Estás muy grave! ¡Morirás si
te mueves!
—… no la… lastimen.
—¡Mierda, el mocoso se nos está yendo! ¡Tenemos que
acabar con ese maldito demonio de una vez, o el mocoso terminara muriendo de desangrado!
Las personas que habían estado intentando detener la hemorragia,
sacaron sus armas y parecían haberse unido en la feroz batalla que se estaba
dando a pocos metros de donde yo estaba tirado. Mi conciencia ya no daba más,
mis parpados se estaban cerrando.
Pero fuera del miedo a la muerte que cualquiera sentiría
en estos momentos finales.
Otro deseo muy superior parecía estar resurgiendo de
mi corazón.
Era la ira.
Una feroz ira como nunca antes había sentido.
Quise levantarme, ponerme de pie, pero por más que lo intenté
mis extremidades no se movían. También quise gritar, pero mi voz no salía. Un
charco carmesí ya se había formado debajo de mí, y solo podía rasgar mis uñas
contra la tierra en desesperación mientras las lágrimas caen por mis ojos casi
muertos.
Con todas mis fuerzas giré mi cabeza para ver la última
escena de la batalla que esos tipos estaban luchando, y entonces, pude ver esa
escena que me marco para siempre.
La batalla finaliza con la victoria de esos tipos.
Pude verlos sonreír y reírse victoriosos entre ellos
mientras estrechaban las manos con alegría de haber vencido al demonio, pero
lejos de sentirme como ellos, yo estaba llorando. Estaba apretando mis dientes
con fuerza mientras mis uñas que rasgaban la tierra sangraban.
Y entonces, lo último que pude hacer antes de caer inconsciente.
Es grabar el rostro de esas personas en mi memoria.
En especial…
Grabe el rostro de ese Héroe que levanto la espada
cubierta de sangre y grito.
—¡¡Celebremos nuestra victoria, hemos decapitado al sucio demonio!!
—¡Banzai,
héroe! ¡Banzai jajajaja!
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