Ch.00 - prologo
Ch. 00 – Prólogo
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* *
Observo un brillo veloz pasar ante sus ojos.
Lo próximo que supo, fue que su vista panorámica y el
paisaje boscoso de árboles altos, dio un giro de 180°grados por el aire, hasta
caer sobre el suelo rocoso de tierra y rocas.
Tras rodar por el suelo unos pocos metros, se detuvo y
quedo mirando a las negruzcas y grises nubes lluviosas que cubrían el cielo
nocturno.
A lo lejos, se
escuchaban los gritos desgarradores de una chica llorar.
“¡Nii-san! ¡¡Nii-san esta...!!”
“¡Señorita, tenemos
que irnos ahora! ¡¡Tenemos que huir!!”
“¡Pero Nii-san…!!”
“¡Hay que huir o nos
matada también! ¡Maldición, guardias protejan a la señorita…!”
Los gritos parecían estar horrorizados,
intente moverme o levantarme, pero era incapaz de reunir cualquier tipo de
fuerza. Mis piernas y brazos no parecían responder. O mejor dicho… No podía
sentirlos.
<<… Esto es…>>
No muy lejos, veo el cuerpo de una
persona tirado entre un charco de agua sucia y lodo. Pero a esté le faltaba la
cabeza. Su cuello parecía haber sido desgarrado limpiamente de una tajada que
lo decapito, y la sangre escarlata y que parecía brillar ante el reflejo de la
luna en lo alto, estaba brotando a borbotones tiñendo el sucio lodo de un rojo
intenso.
<<… Porque yo…>>
Viendo el cuerpo decapitado me doy
cuenta que me es familiar.
Así es.
Ese es mi cuerpo.
<<… Ah, ya veo… perdí
mi cabeza…>>
Las personas que gritaban
asustadas parecen estar alejándose del lugar, pero aún se puede oír ruidos
fuertes y sentir un extraño olor picante que desconozco.
El ruido de la madera quemándose
que oigo me llama la atención.
Volteo levemente mi mirada hacia
un costado, y veo que, volcado entre los árboles y decenas de cadáveres descuartizados
y desparramados por el lugar, se encuentra un hermoso y lujoso carruaje de
aspecto caro que está totalmente volcado hacia un lado y lo envuelve una bola
de fuego brillante que cubre el carruaje.
El desconoció carruaje esta
incendiado. El fuego que le envuelve es brillante en la noche y parece ser tan
fuerte que incluso la llovizna que cae no puede apagarlo.
Comienzo a recordar que sucedió.
Pero ya es muy tarde.
Mi vista se está oscureciendo y mi
conciencia comienza a desvanecerse.
Lo último que logro ver antes de
perder la luz en mis ojos, es una desconocida sombra monstruosa e inhumana que
se mese entre las sombras del fuego que envolvía el carruaje.
“… ¿Qué es eso?”
Fue la última pregunta que escapo
de mis pálidos labios.
Y finalmente, mi conciencia se apagó.
Y ‘yo’, Hermes Cornelius, morí.
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