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«Capítulo 0»

Era una refrescante mañana de verano con suaves brisas que soplaban a través de las cortinas de mi habitación, cuando unos bruscos y molestos golpes comenzaron a golpear la puerta.

*¡Pom!* *¡Pom!* *¡Pom!*

Los golpes sonaron tan fuertes que parecía que iban a tirar la pared abajo.

Que molesto, pensé con un chasquido de labios mientras me levanté de mi escritorio con mis ojos todavía algo adormecidos debido al sueño.

Quien sea el que esté golpeando de esta manera, sin duda es un tipo sin educación, murmullé para mí mismo en voz baja, pero ya sé quién es el que está llamando a la puerta.

Solo hay una persona que trata de tirar mi puerta de este modo cada vez que se entera de que regrese a casa. Y esa persona es…

“¿¡Oye, Galliear, estas hay cierto!? ¡Saca tu trasero fuera ahora mismo, maldito mocoso!”

Cómo lo supuse.

Me rasque mi desprolijo cabello que esta algo duro debido a que olvide lavarlo desde hace algunas semanas ya, me coloque mis anteojos de vidrio redondo patéticos y sin saber que responder a los feroces golpes que estaba dando ese idiota, simplemente dije lo que me vino primero a la mente.

“… No esta, Galliear se fue.”

…Ah, creo que la cague.

“¡Te acabo de oír, estúpido! ¡Habré la maldita puerta ahora mismo! ¡Galliear, abre la puerta!!”

Los golpes se volvieron más fuertes tras saber que estoy dentro.

¿Qué hago ahora? ¿Aguantaré afuera con solo cinco monedas de cobre en el bolsillo?, me pregunté a mí mismo mientras revise los bolsillos caídos de mi viejo pantalón que llevo puesto, y desde el interior saque solamente tres tristes monedas de cobre y el envoltorio de un caramelo vacío que ya me lo comí.

Viendo los ahorros de mi vida en mi mano, no pude evitar dejar escapar un suspiro.

... Maldita sea, estoy más pobre que una comadreja.

Pero regresando mi atención a la puerta que estaba siendo golpeada por ese idiota de hermano mayor que tengo, no me queda más opción que escaparme de nuevo por la ventana. Es esto, o es abrir la puerta y recibir una paliza dolorosa de ese idiota.

Habiendo tomado la decisión de huir antes de que la puerta sea derribada, empecé a buscar mi ropa entre el desorden de la habitación.

Como acostumbro a dormir sin camisa y en simples short, tengo que vestirme si quiero salir fuera. Por suerte, las maids de la mansión se han encargado de mantener mi ropa de reserva limpia en el tiempo que estuve fuera, así que simplemente tuve que abrir el closet y sacar la ropa para vestirme.

Me ahorré en revolver entre el lío en el que se encuentra mi habitación.

Con libros y documentos tirados por todos lados, esta es mi habitación. Una habitación simple de entre 10 a 14 metros cuadrado, con un closet, una cama doble, un escritorio largo en donde suelo colocar herramientas y demás tonterías, y por último una estantería o biblioteca como suelo llamarla. Esta es mi habitación. Pero bueno…

Ayer logré obtener algo de dinero, y lo gasté en bebidas alcohólicas.

Como no tenía donde quedarme para emborracharme a gusto, regrese a escondidas a casa para encerrarme en mi habitación a beber en silencio y emborracharme hasta altas horas de la noche. Y ahora que despierto y veo el suelo…

“… Mi habitación está más desastrosa que nunca”

Con botellas de alcohol desperdigado de aquí y allá, el suelo sucio y un molesto olor a alcohol flotando en el aire, sin duda, ese idiota se va a encabronar mucho cuando vea esto.

Volviendo mi mirada hacia la puerta, noto que el tipo ya no está tratando de tumbarla abajo. Pero no bajo la guardia, ya que puedo sentir un aura furiosa del otro lado. Ese idiota sigue allí. ¿Qué demonios hace?

… Ah, ya entiendo.

Las sirvientas fueron a buscar la llave maestra para abrir la habitación.

“Mejor me voy ahora mismo” dije, luego salte sobre mi escritorio tirando varios libros al suelo y una botella vacía que cayo y se rompió en pedazos, pero no le di importancia y simplemente salte por la ventana para caer en las tejas del techo inclinado de la mansión.

Debido a la inclinación vertical del techo, tuve que tener cuidado de no resbalarme. Podría caerme de cabeza a los arbustos si me resbalo, y lo peor sería que ese idiota me atraparía.

De igual manera a un ratón huyendo, me escurrí por el techo de la mansión, saltando obstrucciones como una chimenea que estaba en el camino para finalmente llegar al bordee de la mansión. Observo hacia atrás, y veo a lo lejos del otro extremo de la mansión, la ventana por la cual me escape.

“¡¡Galliear!! ¡Maldito mocoso, no te vas a escapar!!”

Escucho el grito lejano de mi hermano furioso, y desde aquí puedo verlo sacar la cabeza desde la ventana de mi habitación, gritándome desde allí.

Con una sonrisa de oreja a oreja, le mostré un dedo medio y luego, salte al árbol que esta al otro lado de un gran paredón que rodea la mansión familiar. Me hice varios rascuños al caer entre las ramas del árbol, pero logré escapar del territorio amurallado de la mansión.

Estando afuera, libre, con la brisa de verano moviendo mi cabello de enfrente, me sacudí las hojas pegadas a mi ropa y hui corriendo por el camino que dirige a los suburbios de la ciudad.

***


“¿Ese que acaba de saltar la pared que rodea la mansión era…?”

“Era Gallier.”

En lo lejos, en el ala norte de la mansión de la Casa Cornelius, dentro de lo que parecía ser una biblioteca gigante con decenas de estantes de libros, se encontraban dos mujeres. 

Una de ellas, era una linda chica que parecía rondar entre los 12 a 14 años, de cabello castaño lacio con unos brillantes ojos color ámbar.

Su nombre es Angie Cornelius, tercera hija de la Casa Cornelius.

Angie ahora mismo estaba sentada cerca de una ventana grande mientras leía un libro tranquilamente, cuando se sorprendió al ver a una persona escapar desde una de las habitaciones de la mansión. El muchacho que escapo, saltó entre los tejados de la mansión, corriendo por el techo hasta llegar al borde de la mansión y luego, saltar al otro lado de la muralla que rodea la mansión y el patio familiar.

Al ver el rostro del muchacho, el libro que estaba leyendo Angie tembló levemente.

Detrás de la joven y bella Angie, la acompañaba una maid de cabello atado llamada Elena. Ella es conocida como una de las maid principales que sirve a la Casa Cornelius desde hace años, y actualmente por órdenes del jefe de la familia, está a cargo de cuidar y servir a la joven señorita Angie.

“… Señorita Angie, no deberíamos…” Elena estaba a punto de decir algo, pero se detuvo al ver la mirada de reproche de Angie. Ella guardó las palabras que estaba por decir, y continúo sirviendo el té para su ama.

Pero pudo notar levemente que la lectura tranquila de su ama parecía haberse vuelto incómoda, y al final, Angie cerro el libro luego de terminar el té y salió de la biblioteca con Elena corriendo tras ella…

***

 

1194p



«Capítulo 1»



En el Imperio existen unas 40 ciudades a lo largo y ancho del territorio que abarca, desde el centro en donde se acumulan una gran parte de las ciudades más ricas y seguras, hasta las cercanías de las Murallas de Dios en donde se encuentras las ciudades más inseguras y peligrosas, en continuas luchas contra las bestias mutadas.

La ciudad de Valencia se encuentra a unos 12 kilómetros de las murallas, por lo que se podría decir que su estado es medio bajo, con periodos en donde se ven más o menos bestias rondando las cercanías de la ciudad.

Ahora mismo, luego de haberme escapado de casa (otra vez), me encuentro caminando por la zona comercial de la ciudad, en donde se encuentran una increíble cantidad de negocios de todo tipo, desde tiendas de doble piso hasta pequeños puestos amontonados uno al lado de otros. Y tal cual como ocurre en días frescos como hoy, las calles están repletas de peatones por todos lados. Los carruajes que cruzan se ven obligados a andar con cuidado ya que hay demasiada gente amontonadas en puestos o tiendas que obstruyen el tráfico, y no solo eso, sino que los mismos carruajes están algo amontonados más de lo normal, con una larga cola de carruajes que intentan pasar o detenerse en alguna tienda para comprar.

Mientras camino esquivando a la gente amontonada, me escurro hasta una vieja tienda que está ubicada al lado de un pequeño callejón abandonado. La tienda no llama mucho la atención, y simplemente costa de una puerta abierta y un simple cartel mal colocado que parece estar a punto de caerse.

La tienda se llama la Taberna del Viejo Rock.

Dentro, en la mesa de recepción se encuentra un viejo canoso y barbudo que atiende el negocio. Pero como acostumbra a pasar, el viejo ahora mismo está roncando ruidosamente mientras se encuentra sentado sobre una silla pequeña con su vieja barriga expuesta al público. Sin duda, no es una vista que invite a muchos clientes, pero yo sé que este bar que parece estar casi en bancarrota al no tener clientes, es un bar especial. Es el único bar de toda Valencia en lograr conseguir licor de buena calidad y barato traído desde la Real Capital del Imperio.

Este bar es el único en su tipo, otro bar con este licor de calidad y este precio barato no hay. Existen obviamente tiendas que logran traer licor desde la real capital, pero muchos de ellos te cobran fortuna por un simple tarro. En cambio, este viejo de barriga expuesta suele cobrar entre 4 a 7 monedas de cobre por tarro.

“Oí, tío Rock. Despierta, llego un cliente.”

Al lado del viejo dormido, estaba un pequeño mocoso de unos 12 años que estaba comiendo una manzana. Al ver que llegue por la entrada, el mocoso me lanzo una mirada y al reconocerme como cliente ya que vine varias veces antes, el niño se bajó de su asiento y se acercó al viejo para sacudirlo de un lado al otro.

“Tío, despierta, ¡despierta!" el mocoso sacudió al viejo, pero como no parecía que iba a despertar ya que seguía roncando ruidosamente, el niño frunció el ceño molesto. Me lanzo una mirada de disculpa, y luego…

“¡Dije que despiertes, tío!”

“… ¡Ah!? ¡Ayyyy~ espera! ¡Espera!” el niño empezó a darle dolorosos pinchazos en el estómago al viejo. Lo cual hizo que despertase a dolores.

“¡Ya desperté! ¡Oye, mocoso, deja de pellizcarme, ya estoy despierto!” Se quejo el anciano al ver que el niño parecía entretenido de causarle dolor.

El niño hizo una expresión de insatisfacción, y dejo de pellizcarlo.

“… está bien.” Dijo el niño, regresando a su asiento en donde estaba comiendo la manzana. “Ah, y mira… llego un cliente.”

“¿Un cliente?” El viejo se volteó para verme, y al reconocerme, simplemente dijo.

“Ah, eres tú otra vez, mocoso.”

“¡Hola, viejo rock!”

“… Ah, ¿vienes por otro tarro, cierto? ¿Traes las 6 monedas de cobre?” pregunto el viejo mientras se rasco la barriga y dejo escapar un bostezo largo.


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