Prólogo: Eres feo... piérdete

 

 

Prólogo: Eres feo…

—… Lo siento, pero eres muy feo para ser mi novio. Mejor piérdete.

Era un día de invierno durante una fuerte lluvia cuando me le declare a la chica que me gustaba en el pasillo. Ella siempre me había gustado. Era hermosa y parecía brillar como un pequeño ángel, tenía un rostro alegre y no era ni muy linda pero tampoco fea. Si tuviese que describirla, diría que desprendía una hermosa sensación maternal cariñosa que cautivaba a las personas a su alrededor.

Yo, Kyle Reese estaba enamorado de ella.

Pero entre lágrimas, ya sabía que el futuro de ella y yo siendo novios era imposible. Había más posibilidades en que me aplastase un tracto de que ella me aceptara como su novio. Yo sabía que era imposible, mi rostro, mi apariencia era fea.

Pero no soy solo un chico feo común que puedes cruzarte en el camino, sino que soy conocido como…

El chico más feo de todo el colegio.

Ese apodo me entristece.

Quiero llorar al ver mi reflejo en el espejo todas las mañanas.

¿Por qué nací con este tipo de rostro? ¿Qué sucedió para que yo saliera siendo tan feo? No lo entiendo. Ni mi madre, ni mi padre son feos en apariencias. Pero yo… soy simplemente horriblemente feo.

Desde que soy consciente de lo feo que soy y de la baja autoestima que tengo, me había dado por vencido con este tonto amor primerizo. Ya podía saber que ella no me aceptaría, mis chances directamente no existían. Eran nulas, por ello decidí simplemente darme por vencido.

…Vamos, Kyle, solamente ríndete. Ya sabes que serás rechazado, no tiene sentido intentarlo y salir lastimado.

Me repetí muchas veces esos consejos en mi cabeza.

Y tenía pensado rendirme con ello hasta que, en esa mañana de lluvia, la vi a ella hablando y riéndose con un chico de otro salón que yo no conocía. Ambos se estaban divirtiendo en la escalera del colegio mientras conversaban y hacían chistes.

Ver esta escena provoco un nudo terrible en mi garganta mientras mi cuerpo se estremeció.

Ella estaba divirtiéndose.

Nunca la había visto reírse de esa manera con un chico.

Un sentimiento de miedo y estremecimiento subió por mi cuerpo, y para cuando volví a reaccionar, ya estaba parado enfrente de ella y ya me le había confesado en el pasillo del colegio.

La primera reacción que ella mostró fue una de sorpresa, seguida de una mirada de arriba abajo hacia mí, y luego un fruncimiento de ceño con expresión de asco.

Y entonces vinieron las palabras más dolorosas que escuche.

—… Lo siento, pero eres muy feo para ser mi novio. Mejor piérdete.

Fue lo que ella me digo.

—…

Y así, ese día de tormenta me escape del colegio en mi bicicleta y regrese a casa sin reportar mi salida. Recuerdo al profesor gritarme a lo lejos al verme irme sin avisar del colegio, pero no le hice caso. No quería estar en el colegio. Yo simplemente… quería huir de ese lugar.

Todavía podía sentir esa mirada de asco en mí.

Pedaleé con mucha fuerza para alejarme de la escuela todo lo que pude, y entonces mientras me encontraba cruzando un pequeño bosque que hacía atajo hacia mi casa, la tormenta se intensificó y el sonido de relámpagos comenzaron a retumbar detrás de mí.

El aturdecedor relámpago me sorprendió y sin querer, mi pie resbalo del pedal y caí por una pequeña pendiente de tierra mojada hasta chocar contra varios arbustos. Mi cuerpo dejó de rodar una vez que mi espalda choca contra el tronco de un árbol. Por suerte, mi mochila amortiguo el golpe y no me hice daño, pero mi bicicleta tenía la rueda doblada.

Entre la fría lluvia, las gotas de agua que caían sobre la capucha del impermeable que llevaba creaban un sonido relajante y somnoliento junto a los relámpagos ocasionales que se escuchaba a lo lejos.

Me quede sentado bajo el árbol, mirando a la lluvia mientras mis ojos parecían empañarse.

Aunque algunas gotas de agua salpicaban mi rostro, pude sentir de manera obvia que el pequeño manantial que se formaba en los bordes de mis ojos y que caía por mis mejillas hasta gotear por mi barbilla no era el agua de la lluvia sino mis propias lágrimas.

… ¿Qué era lo que esperabas, Kyle? ¿Acaso esperabas ser aceptado? ¿Esperabas un milagro?

Mientras la lluvia continuaba, bajé levemente mi mirada hacia el charco cercano y allí vi mi feo rostro reflejado. Un rostro el cual es horriblemente feo que a simple vista genera asco y hasta desagrado. Un rostro digno de pertenecer al chico más feo y vomitivo de todo el colegio.

—… Jajaja… que iluso que fui. ¿Cómo podría yo gustarle a una chica con ese rostro? Es imposible, jamás le gustaré a nadie. Soy tan feo hasta el punto de reírme de mi mismo.

El sentimiento de autodesprecio y autoburla que podía sentir hacia mí mismo era obvio en mi propia expresión reflejada en el pequeño charco.

De este modo, permanecí refugiado bajo un árbol mientras la lluvia afuera era tan fuerte que ahogaba mis llantos y risas de alguien que parecía haber perdido todo sentido de seguir vivo.

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