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_Capítulo 1_

Fue en la lluviosa e húmeda mañana de un lunes, cuando un joven de 21 años despertó repentinamente con un agudo y fuerte dolor de cabeza. Su nombre es Norman Cornelius, y al momento de despertar su mente estaba confusa y sus recuerdos se sentían algo distorsionados y borrosos. No recordaba del todo donde estaba y como llego allí, pero al levantar su mirada y mirar a su alrededor, noto que estaba en un bar.

Poco a poco, Norman fue recordando.

Ayer en la noche, luego de haber estado emborrachándose y riéndose con sus ‘amigos’ en el bar, Norman termino tan ebrio y fuera de sí, que vomito en el lugar y luego se durmió sobre la mesa, roncando ruidosamente, mientras los cantos y gritos de ebrios ruidosos seguían escuchándose de fondo.

Al observar que el bar estaba casi vacío, con alguno que otro ebrio que seguían durmiendo al igual que lo había hecho Norman, encima de la mesa, se dio cuenta de que durmió toda la noche en esta pocilga mugrienta y olorosa. El mal olor era tan fuerte en el lugar, que Norman se apretó la nariz con sus dedos, aunque de igual modo, seguía sintiendo ese horrible olor desconocido. Era un olor algo picante y extraño, no recordaba nada que oliera del mismo modo y fuese tan penetrante.

¿Qué diablos es este maldito olor? Se preguntó Norman, frunciendo el ceño con disgusto. Este olor picante y penetrante de alguna forma no parecía ser del bar, era extraño. El olor picante parecía mezclarse y esconderse entre el asqueroso olor a alcohol y vomito que había quedado de ayer en el bar.

Norman sacudió su cabeza, dejando el asunto a un lado, y justo cuando intento levantarse de donde estaba sentado, una increíble sensación de mareo y desorientación lo abrumo. Tropezó con sus pies, y por suerte logro aferrarse a la mesa cercana antes de caerse al suelo.

El dolor de cabeza volvió a atacarle nuevamente, pero esta vez se sintió mucho más fuerte que antes. Era un dolor tan penetrante, que Norman no pudo evitar asociarlo a un dolor similar a la sensación de una pequeña y minúscula aguja intentando adentrarse en lo más profundo de su cerebro. Era pequeño, pero tan doloroso, que le hizo gruñir del dolor.

Y junto a ese agudo dolor, otra extraña sensación vino a él.

Sentía una fría y escalofriante sensación que rodeaba la piel pálida de su cuello delgado. Norman no entendía que era todo esto. ¿Qué diablos es esto?

Norman trago saliva fría y con una mano temblorosa, se tocó el cuello para comprobar. Su cuello estaba sano y sin anomalías, pero la sensación tan escalofriante y fría alrededor de su cuello se sentía tan real que por momentos pensó que su cabeza caería al suelo y la sangre roja pura comenzaría a brotar violentamente de su cuerpo. Esa sensación desconocida, era como si una navaja o ventisca afilada y fantasmal hubiese traspasado y cortado en una línea fina todo su cuello entero.

Pero por más que Norman pasada sus dedos por su cuello con un rostro aterrado, no sintió nada. No había ningún corte en ningún lado, y su cuello estaba en perfectas condiciones. Todo era normal.

Esto le hizo dejar escapar un suspiro de alivio y aligero sus hombros.

“En serio… ¿Qué diablos me ocurre hoy? ¿Acaso estaré volviéndome loco de tanto alcohol que tome?” Murmullo Norman para sí mismo.

El dolor, o mejor dicho, jaqueca que sentía se había ido aligerando, y ahora se sentía mucho mejor. Al menos, ya podía pararse recto y caminar.

“Ah, que mierda de día.” Dijo Norman a la vez que se estremeció un poco al sentir el ambiente más frío que ayer. Se acercó a la ventana que tenía cerca, y observo que afuera en la ciudad, estaba lloviendo con fuerza.

El sonido de la lluvia junto a la baja temperatura creaban dentro del bar un ambiente adormecedor y frío que afectaba a Norman y le daba sueño. Pero él se frotó el entrecejo para despistarse un poco, y volvió a mirar a la ventana.

Afuera ya era de mañana, pero una mañana increíblemente deprimente y mojado. El cielo en lo alto estaba teñido de un color grisáceo y no se veía por ningún lado el sol. Las calles asfaltadas de la ciudad estaban mojadas y con grandes charcos de agua que corrían por los lados de las veredas hasta desembocar en los desagües de la ciudad.

La lluvia que continuamente golpeaba contra el vidrio de la ventana, creaba una fina capa de agua que distorsionaba la vista a la ciudad. Norman dejo escapar otro suspiro, volvió a la mesa en donde despertó y tomo su saco grueso que estaba apoyado en el respaldar de su silla y luego, el sombrero gris que tenía a un lado.

Se vistió para salir del bar, y justo antes de salir por la puerta, recogió el paraguas que había traído consigo ayer en la noche. Lo abrió y salió fuera.

***

Ni bien salió por la puerta, una fuerte ventisca casi le rompe el paraguas a Norman.

“¡Mierda! ¡Agh!” Norman desesperado sostuvo su paraguas y logro a toda prisa, ajustarlo para protegerse de la lluvia fría.

La idea de Norman, era regresar lo más pronto posible a su casa antes de que la lluvia empeorada y ya no pudiera salir fuera.

Sosteniendo con fuerza el paraguas junto a su sombrero que se iría volando con el viento si no lo sostenía también, apretó los dientes y corrió en dirección a la central de la ciudad.

Troto y esquivo algunos que otros charcos grandes de agua.

Las calles asfaltadas tenían alguno que otro bache en donde el agua se juntaba para cortar el camino, así que Norman varias veces tuvo que doblar y cambiar de ruta. Tomando las mismas decisiones, varios carruajes tiraros por caballos también esquivaban los grandes charcos e iban y venían a toda prisa. Algunos carruajes pintorescos y claramente perteneciente a algún que otro rico, se apresuraban a regresar a sus casas. Algunas de las tiendas de la ciudad seguían abiertas pero con las puertas de vidrio y ventanas cerradas para que el agua no entrada.

Mientras Norman caminaba y saltaba de un lado a otro para no mojarse con los charcos pequeños, repentinamente al doblar una esquina se detuvo.

Enfrente de él, a varios metros en la esquina de la calle de adelante, un viejo vendedor de pollo frito que solía tener su puesto siempre allí, todavía no se había marchado. La lluvia estaba aumentando, pero el viejo vendedor de pollo frito parecía renuente a irse y dejar su lugar. Su expresión compleja claramente indicaba que no se iría hasta vender todos los pollos fritos que había preparado temprano, incluso si había poca gente rondando las calles debido a la lluvia, aun así, el anciano se negaba a irse a casa.

Norman admiro un poco la firmeza del viejo, pero a su vez, se sintió ligeramente sorprendido por algo. En el puesto que estaba manejando el viejo vendedor de pollo frito, un grupo de soldados de la ciudad con sus típicas vestimentas rojas de soldado y sus carabinas y sombreros puntiagudos, estaban hablando con el viejo.

Norman no podía escuchar de que estaban hablando los soldados con el viejo vendedor, pero pareciera que los soldados estaban buscando a alguien o algo. ¿Quizás buscan a un ladrón prófugo? Dedujo Norman mientras se frotó la barbilla.

Aunque era raro.

Ya antes de doblar en la esquina para toparse con esta escena, Norman de alguna forma sentía que se toparía con algo allí. No podía explicar como lo sabía, pero sentía que eso sucedería.

“¿Acaso eso era un déjà vu? Jaja” Se preguntó Norman, riéndose un poco. Negó con su cabeza la tonta situación, y retrocedió hacia atrás.

Sea lo que sea que los soldados estén buscando, Norman no quería verse involucrado en ello. Así que retrocedió por la calle que había venido y decidió tomar un desvío para llegar al centro.

Ese desvío era un viejo callejón abandonado que se conecta con los llamados pasillos laberinto de la ciudad. Esos pasillos laberinto usualmente son utilizados por los ladrones y carteristas para escapar de sus perseguidores y perderlos, pero con esta lluvia cada vez más intensa, Norman no cree que los ladrones y carteristas estén actualmente en los pasillos laberintos. Esos pasillos no pueden ser utilizados como refugio contra la lluvia, así que los ladrones no deben estar allí. Podía utilizarlos para cruzar directo hacia la central de la ciudad y acortar camino.

De este modo, Norman continuo caminando hasta llegar al callejón de entrada al laberinto.

Antes de entrar, Norman se detuvo a un lado para sacar desde su bolsillo más profundo un viejo reloj de bolsillo que le había heredado su madre fallecida. El reloj era pequeño y tenía una carcasa de bronce viejo con una cadena larga atada a su cinturón de cuero.

Norman abrió la tapa del reloj de bolsillo para ver la hora, pero se llevó una sorpresa.

El reloj estaba paralizado con la aguja sin moverse en lo más mínimo. La aguja se había detenido justo mientras marcaba las 10 en punto.

“¿Acaso se averió?” Norman frunció el ceño, y le dio unos golpes al cristal del reloj para ver si esto funcionaba. Pero no hubo caso, el reloj no se movía. Se había roto sin que él se diera cuenta, quizás, se rompió de alguna forma mientras él había estado durmiendo en el bar.

“Maldita sea… supongo que tendré que llevarlo a un relojero para ver si puede arreglarlo.”

Dejo escapar un suspiro, y volvió a guardar con cuidado el reloj en su bolsillo.


1607p

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