| Capítulo 00 – Capítulo 00
En una era en la que el mundo se encontraba envuelto en caos y destrucción.
Hace mucho, pero mucho tiempo.
Existía un mago llamado Heimerdinger que tenía el poder de controlar la muerte.
Las leyendas relatan que antes de ser apodado como el Dios de la muerte, Heimerdinger fue un destacado estudiante mágico como cualquier otro. Talentoso y carismático, proveniente de una simple familia aristócrata sin mucho peso. Y si bien el joven parecía tener un gran talento para la magia, su familia no esperaba que se convirtiera en una especie de leyenda heroica con su nombre resonando por todo el mundo mágico, pero tampoco esperaba que fuera un mago mediocre.
Un mago normal por encima de la media.
Esas eran simplemente las expectativas que los padres de Heimerdinger tenían sobre él.
Pero no fue así como sucedió.
…
“¡¡Séllenlo, no dejen que escape!!”
“¡Cierren el sello ahora!”
“¡Maldita sea, se está escapando!”
En lo alto del crepúsculo solar, una incontable cantidad de magos que vestían túnicas de variados colores, provenientes de múltiples familias nobles y hasta de otros países y continentes, se encontraban rodeando un vórtice enorme que desprendía una descomunal neblina con olor a muerte y podredumbre capaz de corroer todo lo que tocase.
"¡No podemos permitir que escape, utilicen todo su maná si es necesario para completar el sello!" Gritó uno de los magos que estaba allí.
Estos magos estaban empleando toda su energía mágica para completa un sello.
El sello mágico compuestos por miles y miles de runas mágicas de brillo dorado giraban en el aire, envolviendo en un circulo cerrado al vórtice oscuro. El sello parecía estarse comprimiendo a medida que se fortalecía con el incontable suministro de magia desde los cientos de magos que estaban cooperando.
Pero incluso con todos ellos cooperando para sellarlo…
¡Grieta!
El sello estaba mostrando grietas en todas partes.
Desde las grietas se escapaba una neblina gris corrosiva que mataba a todo aquello que la tocase. Varios magos que estaban cerca rápidamente tuvieron sus manos derretidas y dejadas en hueso sangrientos al hacer contacto con la neblina.
“¡Heimerdinger, no volverás a ver este mundo de vuelta! ¡Quedaras sellado aquí para siempre!”
De repente, cuando la situación estaba agravándose mientras numeras grietas empezaban a extenderse a lo largo y ancho del hechizo de sellado mágico, un nuevo grupo de magos liderados por un anciano de barba larga y blanca llegaron volando al lugar.
El anciano que una vez fue el maestro del joven Heimerdinger años atrás, hoy llego con los dientes apretados liderando a varios de los magos profesores más fuertes de una de las reales academias mágicas mas reconocidas en el continente. Todos estos magos expertos se habían reunido aquí, dispuestos a darlo todo para completar el sello.
Con la llegara de los nuevos magos, una oleada de aura mágica exploto entre las nubes.
Desde las grietas que se estaban produciendo en el sello, una risa que parecía resonar en la mente de los presentes se escuchó.
“¡Kukukuk!”
La risa parecía burlarse de los magos que estaban dándolo todo para aprisionarlo.
“Mírense a ustedes mismos… ¡Kukukuku! Miren sus rostros, llenos de miedo.” Se burlo la extraña voz.
Su extraña risa de alguna forma parecía resonar en los oídos de los magos presentes. Esa voz parecía provocar entre los magos unos extraños dolores de cabeza y sensaciones de mareo y confusión, algunos de los magos mas débiles del lugar incluso se desmayaron o el dolor que sintieron en sus cabezas fue tan fuerte que dejaron de proveer energía al hechizo de sellado.
“¡Cállate!” El anciano entre los magos rápidamente agito su mano creando una ventisca de viento que sacudió los alrededores. Con esta acción, los magos que estaban siendo influenciaos por la voz encantada parecían recuperarse.
“¡No lo escuchen! ¡Su magia tiene el poder de perturbar tu alma, no lo escuchen!” el anciano advirtió a todos los magos presentes, mientras apretaba con más fuerte sus dientes. “¡Solo séllenlo! ¡Concéntrense en completar el sello!”
De esa forma, con la energía mágica suministrada por la cooperación de todos los grandes magos de la época, las grietas en el sello comenzaron a restaurarse. La neblina corrosiva fue retrayéndose y suprimida en el interior.
El sello rápidamente comenzó a cerrarse.
“¡Malditos sean, ancianos! ¡Agh!!!”
La voz que estaba dentro, soltó una serie de maldiciones enloquecidas mientras gritaba y gruñía del desquebrajarte dolor que estaba sintiendo.
El sello estaba ejerciendo una increíble presión sobre el vórtice negro que intentaba liberarse.
El circulo creado por las runas mágicas soltaron varios resplandores dorados, y luego como si ganara impulso, fue cerrándose más y más, comprimiendo el aire de los alrededores en un solo punto. La presión en el interior era tan pesado e insoportable como mil soles aplastándolo.
Los gritos enloquecidos y desesperados del interior resonaron por todo el lugar.
“¡¡Malditos, malditos sean…!! ¡Aggh!!! ¡Los matare! ¡Juro que los matare cuando salga de este lugar!”
El anciano que estaba presenciando los últimos momentos de uno de los seres mas aterradores de la era, floto por encima del lugar, mirando desde arriba al hechizo de sellado. Las runas que conformaban el hechizo de sellado que se logro crear con la energía proporcionado por todos los magos más poderosos en el lugar, se estaba contrayendo rápidamente de tamaño en un pequeño punto minúsculo.
Los gritos enloquecidos y desesperados por escapar de aquel ser que aterrorizo al mundo entero se estaba desquebrajando y desvaneciendo.
“… Heimerdinger… mi discípulo…” el anciano cerro por unos segundos los ojos. Parecía estar recordando los tiempos en donde había sido el maestro de aquel joven talentosos pero algo despistado. Mientras se sumergía en los recuerdos de aquellos días, una expresión de dolor y cansancio se mostro en su arrugado rostro. El viejo mago ya había perdido la cuenta de la cantidad de veces que se había preguntado a si mismo en que momento su discípulo mas talentoso se había desviado tanto para convertirse en lo que hoy era.
El anciano incluso se había cuestionado varias veces si quizás fue su culpa que todo haya terminado de esta manera.
No lo sabía.
La única decisión que podía tomar llegado a este punto era…
“Sellarte.”
El anciano extendió sus dos manos apuntando hacia el sello, y ejerció el ultimo impulso que las runas necesitaron para terminar de comprimirse y finalmente.…
¡Pum!
¡El sello se completó!
La niebla oscura ya no tenía forma de escapar, y todos los magos presentes soltaron un suspiro mientras que otros perdieron el conocimiento al haberse quedado sin maná en sus cuerpos.
Finalmente
Luego de tantos años lograron sellarlo.
Heimerdinger, el conocido como el dios de la muerte, o el ser inmortal que no se puede matar… había sido sellado.
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