Capítulo 0: Prólogo.


En la mañana cuando el sol del amanecer se alzaba desde el horizonte. La cálida luz del sol se reflejó en las vidrieras de la ventana de la bella mansión de la familia Belmoor, haciendo resaltar los bellos jardineros y campos que se extendían hasta los bosques cercanos. El establo en donde se guardaban los caballos se escuchó relincheos mientras los gallos cocoreaban.

Un par de mucamas que vivían en un pequeño departamento apartado de la mansión se arreglaron sus uniformes de trabajo y cargando unos cestos de ropa sucia, se acercaron a la fuente en el centro del patio para comenzar a lavar la ropa temprano.

Era un día normal, con la misma rutina.

Pero de repente…

¡Un repentino grito sacudió toda la mansión!

El viejo mayordomo en jefe llamado Sebastián, que había servido a la familia por más de 45 años desde que fue recogido por el actual conde Belmoor, estaba en la cocina dando instrucciones a los cocineros para preparar el desayuno cuando el grito lo sacudió.

“¡Oh, dios! ¡Ese grito vino desde la habitación del señorito!”

Sebastián dejo todo lo que tenía en mano y se apresuró a correr hacia la habitación del hijo menor del conde. Su cuerpo era delgado y viejo, fácilmente su edad estaba acercándose a los 60 años, pero para sorpresas de algunos que lo vieran, el anciano podía moverse con una increíble movilidad que no solía verse en un viejo de tanta edad. 

El grito no solo alarmo al mayordomo, sino que también a los guardias que se apresuraron para actuar ni bien reciban la orden del jefe en mayordomo. ¿Podría ser que un asesino a atacado al joven señorito? ¡Oh, dios!

Sebastián llego enfrente de la puerta y giro su mirada hacia los guardias que también llegaron al lugar. 

“¡Manténganse listos para actuar!” Les ordeno Sebastián y luego coloco sus manos en el picaporte para abrir la puerta. Los guardias a los costados apretando su agarre en la espada cuando la puerta se abrió, sus ojos estaban totalmente centrados y listos para actuar. Pero la situación que esperaban no ocurrió.

Para sorpresa de Sebastián y los guardias, no había ningún asesino dentro. La ventana estaba abierta y la leve brisa mañanera movía la cortina suavemente. Los ojos de Sebastián no tardo en centrarse en el pequeño joven de aparentemente 12 años que estaba parado a un costado de la habitación.

Ese joven es Philip Belmoor, el hijo menor del conde.

El mayordomo sintió sus nervios internos aliviarse al notar que el joven señorito no parecía estar herido ni nada, dejo escapar un suspiro y con su mirada, hizo seña para que los guardias guardan sus espadas y regresasen a sus puestos.

450p




Capítulo 1


Enfrente había una maravillosa escena que cualquier hombre estaría encantado de presenciar.

Eran mujeres.

Un grupo de hermosas mujeres completamente desnudas, con sus hermosas siluetas de hadas estaban en medio de una rutina de entrenamiento. Moviendo sus caderas de un lado al otro, para intentar imitar un tipo especial de baile erótico que hacía resaltar sus curvas. Sus pechos al aire temblaban con cada uno de sus movimientos, mientras que su cabello se sacudía y daban un paso adelante y otro atrás.

Conocida como la danza de la diosa del deseo, este baile estaba siendo practicado por un grupo de prostitutas en un salón cerrado dentro del burdel más popular de toda la capital. El burdel era conocido como La guarida del Infamo, y era ampliamente visitado por hombres de todas las categorías y estatus, desde soldados, mercenarios hasta nobles y condes.

No había hombre que no hubiera escuchado de este burdel y sus maravillas.

Y una de las normas que el burdel empleaba para que sus mujeres fueran ampliamente valoradas en el mercado de las trabajadoras sexuales, era que todas las mañanas, cada una de las empleadas estaba obligada a practicar formas y métodos para complacer a los visitantes. Una de esas prácticas era la danza de la diosa del deseo, el cual era una danza que fue creada específicamente para tentar a los hombres a cometer pecado.

Mientras las hermosas siluetas desnudas bailaban eróticamente en medio del salón, a un costado en la pared a casi dos metros de altura había una pequeña rendija para ventilación. Esa rendija era la única ventana que tenía el salón. El burdel específicamente había evitado colocar cualquier tipo de ventana para no exponer a sus empleadas al ojo público durante su entrenamiento matutino, (obviamente, no querían que nadie fisgoneada gratis) pero tampoco podían tener al salón sin ventilación. Es por ello que habían puesto una rendija a una altura de casi 3 metros.

Con 3 metros de altura los encargados suspiraron y se sintieron aliviados de que no habría nadie espiando.

O bueno, eso creían…

Pero si el encargado se acercada a la rendija, escucharía pequeños ruidos de murmullos.

 

“Ow, mira, mira eso! ¡Dios, amigo esto es impresionante!”

“¡Dios! ¡Mira a la pelirroja!

“¿Cuál pelirroja? ¡Ah, ya la vi! ¡Dios mío, tiene unos pechos gigantes, son más grandes que los de mi mama y mi hermana!”

“¡Mi padre una vez me conto sobre este lugar, no pensé que tuviera chicas tan lindas! ¡Cuando regrese le pediré que un día me traiga con él cuando visita a escondidas de mamá!”

410p


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