Capítulo 01 – Capítulo
01
No era consciente
del daño que me hacía a mí mismo.
No, eso era
mentira. Se que en lo profundo de mí interior, era consciente del daño que me
estaba haciendo. Pero tenía miedo de enfrentar la realidad. Tenía miedo de
enfrentarme al espejo y darme cuenta de en lo que me había convertido.
Era otro día
más, la noche había caído y el familiar poste de luz que tenía enfrente de mí
ventana con las cortinas y persianas abajo, se encendió. En mi cuarto, yo, un
gordo feo de 34 años sin trabajo y sin mis estudios terminados y abandonado
hace mucho tiempo, me encontraba sentado delante de un monitor, jugando
videojuegos.
Me reí
mientras movía el ratón de un lado al otro, apretando los teclados mientras el
sonido de los disparos resonaban en mis auriculares. Estaba jugando un nuevo shooter
que había salido hace poco al mercado, aunque claro, no podía comprarlo ya que
no tengo dinero, simplemente lo pirateé y estuve jugando todo el día.
Esa era mi
rutina, jugar videojuegos desde que despierto hasta que duermo.
Cuando me
agarraba hambre, abría silenciosamente la puerta de mi cuarto para recoger un
plato con comida que mi madre siempre dejaba al lado de mi puerta.
Ni bien
tomaba el plato con comida en mis manos, cerraba la puerta deprisa como si
huyera o me escondiera de algo.
Cuando
terminaba de comer volvía a colocar el plato en el mismo lugar, y no volvía a
abrir mi puerta hasta el día siguiente.
Me gustaba
la noche.
La noche se sentía
refrescante y relajante, era la hora en donde el mundo entero caía en silencio
y oscuridad. Era un momento en donde yo podía escurrirse de mi cuarto y bajar
abajo al comedor para llevarme unas botellas con agua o ir al baño y pegarme
una ducha.
La noche es
genial.
Ese miedo
interno que sentía se aligeraba en mi interior y podía subir y bajar las
escaleras de la segunda planta sin titubear o estremecerme.
Cada vez que
caía la noche, mi primer objetivo siempre era bajar a la planta baja y abrir ligeramente
la puerta de la habitación de mis padres. Al ver que mi madre dormía, dejaba
escapar un suspiro de alivio y cerraba despacio la puerta sin hacer ruido.
Esa era mi
rutina.
Fuera de esa
rutina, no conocía nada más.
El mundo
exterior era desconocido para mí, ya no recordaba cuando había sido la última
vez que abrí la puerta y salí al patio para tomar aire. No recordé cuando fue
que ocurrió, pero cuando tomé conciencia, ya no podía salir de casa.
Cada vez que
daba un paso hacia la puerta, mi corazón se aceleraba y mis nervios aumentaban.
Sentía que
me asfixiaba.
Sentía temor
a como la gente, los vecinos, me mirarían.
Al final, regresé
a mi cuarto y volví a cerrar la puerta.
**
¡Victoria!
Alcé mi mano
y cerré mi puño apuntando al cielo.
En el
monitor, el anuncio de victoria se mostraba parpadeante y llamativo.
¡Volví a
ganar esta partida!
Me sentí
feliz.
Luego de
casi tres días de continuar jugando sin descanso este nuevo shooter, finalmente
estoy entre los primeros en la tabla de calificaciones y niveles. Fue duro, me seque
el sudor grasiento en mi frente y me levante. Mi silla rechino cuando mi pesado
cuerpo se despegó de ella.
Mi estomago gruñía.
Camine
despacio y pegue mi oreja a la puerta.
Espere unos
segundos.
No hay
ruido en el pasillo, madre debería haberse ido a dormir ya. Pensé.
Abrí
ligeramente una reanuda en mi puerta y observo el plato de comida.
Estaba vacío.
Era el mismo
plato de comida que ayer comí y lo dejé aquí.
Qué raro.
Normalmente madre
siempre lo cambia por un palto de comida nuevo.
Incline mi
cabeza con sospecha.
Abrí la
puerta y salí despacio al pasillo.
El lugar seguía
en silencio y con las luces apagadas.
Mientras bajé
las escaleras, comencé a recordar que hoy tampoco había visto que las luces del
pasillo se hubieran encendido en ningún momento. normalmente mi madre las encendía
y se veía el reflejo de la luz que pasaba por debajo de mi puerta.
Pero hoy no había
visto que se encendieran.
Era extraño.
“… ma-madre…”
llamé con mi voz ronca y algo tartamudeante.
Abrí la
puerta de la habitación de mi madre y en el momento que entre, sentí un extraño
olor en el aire.
Madre seguía
durmiendo en su cama, tapada con las sábanas.
Mientras me acerqué
a pasos ligeros, tuve un mal presentimiento.
Algo en mi
interior me decía que no debía acercarme más.
Algo en mi
interior me decía que, si daba un paso más, me dolería. Me dolería mucho lo que
vería.
Ese mal
presentimiento en mi interior, me gritaba que no viera lo que tenía delante.
Pero con mi mano
temblando, recogí las sábanas que estaban encima de mi madre y las moví hacia
un lado.
“…”
Allí lo vi.
Era mi
madre.
Después de
tantos años desde que no salía de mi habitación, el rostro de mi madre estaba
mucho más arrugado de lo que recordaba y su cabello que una vez fue negro y
lacio, ahora tenía canas por todos lados. Su piel estaba vieja y su rostro
mostraba un claro agotamiento y cansancio.
Sus ojos
estaban abiertos y mirando al techo sin pestañear.
Mi cuerpo se
quedó petrificado y sentí como si algo se rompía dentro de mí.
“… ma…mamá…”
la llamé. Pero ella no respondió.
Su cuerpo… ya
no mostraba signos de vida.
En ese
momento, me di cuenta del gran error que siempre había estado negándome a enfrentar.
Me di cuenta
en lo que me había convertido.
Ese rostro agotado
y cansado con el que murió mi madre, fue el clavo que penetro en mi corazón,
derribando aquella barrera que yo había pasado todos estos años formando a mi
alrededor.
Esa barrera
invisible pero presente en mi interior, era la barrera que mi inconsciente había
formado para ocultarme a mí mismo la realidad de lo que yo era.
La realidad
de que yo ya no tenía sentido de vida en este mundo.
Yo ya no servía
en este mundo.
Mi vida,
estaba dado por muerto.
**
Ese día mi
madre falleció en la cama.
Luego de
llamar a la policía y a la ambulancia, los forenses que llegaron me dieron la
noticia de que mi madre ya llevaba dos días desde que había muerto.
Cuando escuché
esto, no pude evitar recordar aquella última vez que mi mare había colocado la
comida delante de mí puerta y había dicho que no se sentía muy bien. Yo no le respondí
ni le presté atención porque estaba concentrado en ese estúpido juego de disparos.
Esa fue la última
vez que la había visto.
Al darme
cuenta de esto, sentí un estrangulamiento en mi interior.
Mis dientes
se apretaron y mis lagrimas no podían parar de caer por mis mejillas.
Mientras
llore en el comedor, los paramédicos cargaron el cuerpo de mi madre para
llevarse.
Mientras los
médicos se retiraban, note que muchos de ellos me lanzaban claras miradas de reproche
y desprecio.
Incluso
escuche un ligero murmullo de uno de los médicos.
“¿Hombre,
enserio vivió toda su vida siendo una carga para la pobre anciana?”
“Así parece
ser. Pobre anciana, tuvo un hijo inútil. ¿Me pregunto porque nunca lo hecho de
la casa? Tuvo que haber sido una vieja madre muy permisiva para permitir que su
hijo inútil siguiera chupándole dinero todo este tiempo.”
“Dios,
que tipo más patético. Tiene su vida arruinada.”
Cada palabra
que me llegaban a los oídos de los paramédicos que se llevaban a mi madre, se sentían
como mortíferas apuñalas a mi cuerpo gordo.
Esas miradas,
esas palabras era a lo que yo siempre le había temido.
Siempre le
tuve miedo a enfrentarme a esas miradas y esas palabras.
Pero ahora…
ya nada importaba.
Los paramédicos
se marcharon, y el policía que también me lanzo una mirada con pena, dejo
escapar un suspiro y se acercó y me dio unas palmadas en el hombro.
“Lo siento
mucho, amigo. Cualquier cosa que necesites puedes llamar a la jefatura a este número.”
Digo el policía, mientras me entrego una tarjeta. El policía me dio una última
palmada como para intentar animarme un poco y se marchó.
Luego de que
todos se fueran, la casa quedo en total silencio.
No era muy
diferente al silencio que había todas las noches que yo salía fuera de mi cuarto.
Pero esta
vez… esta vez se sentía mucho más frio y triste. El poco calor que había en la
casa parecía haberse marchado. Camine hacia la habitación de mi madre y abrí la
puerta deseando que todo fuese una pesadilla y mi madre estaría durmiendo en la
cama como siempre.
Pero no era
un sueño.
La cama
estaba vacía y las sábanas estaban tiradas a un lado.
Mi madre falleció.
**
Ese día
llore durante todo el día.
El monitor
que siempre lo mantuve encendido, por primera vez en mucho tiempo estaba
totalmente apagado.
Mientras me acosté
en mi cama, sosteniendo los álbumes viejos con fotos de mi madre, las lágrimas
no podían parar de caer desde mis ojos.
Odiaba esto.
¿Por qué tuvo
que ser mi madre? ¿Por qué ella?
Aprete mis
dientes mientras llore al ver las fotos.
¿Por qué no
me morí yo? Soy un inútil, soy una carga después de todo. Hubiera sido mejor
que me hubiera muerto yo, en vez de mi madre. ¿Por qué tuvo que ser ella?
Tras pasar
horas llorando, el sueño finalmente comenzó a invadirme.
Mis ojos se
fueron cerrando y poco a poco, mi conciencia se sumergió en la oscuridad…
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