Capítulo 00: Capítulo 00
Pensándolo en retrospectiva, nunca estuve allí cuando más me necesitaron.
Siempre estaba ocupado con el trabajo.
Cuando mi esposa me llamaba furiosa porque no había ido a ver la actuación de nuestro hijo en el colegio, me excusaba diciendo que estaba ocupado con el trabajo o directamente le encargaba a la secretaria de la oficina que no contestara las llamadas de mi esposa.
Sé que estos últimos tiempos había descuidado a mi esposa y a nuestro hijo, pero ¿qué más podía hacer? Mi trabajo requería de altas jornadas laborales y no podía faltar ni un solo día. Esto claramente me había generado discusiones con mi esposa, pero no podía evitarlo. Tengo que trabajar para traer dinero a casa.
Y como no tenía ánimos para discutir, la mayoría de las veces simplemente evitaba sus llamaras y mensajes.
Algo similar ocurría con mi anciana madre.
Alcanzado los 85 años, mi madre ya no estaba en condiciones de valerse por sí misma. Sufría perdida momentánea de memoria, a veces se perdía y no sabía dónde estaba. Necesitaba ayuda especial, es así que contrate a una enfermera con buena referencia profesional para que se ocupara de ayudar a mi madre en el día a día.
Trabaje horas extras para poder pagarle a la enfermera.
La mayoría de las veces regresaba a casa tan agotado que simplemente no quería saber nada de nadie. Tan solo quería descansar y dormir bien para levantarme temprano al día siguiente.
A veces incluso ignoraba las llamadas de mi madre debido al agotamiento del día.
Así era mi vida.
Mi rutina.
Mi padre me enseño que para sostener una familia y darle una buena vida, debía esforzarme en el trabajo y no rendirme.
Eso hacía.
El esfuerzo duro y constante nos ayudaría a sembrar las bases para que mi hijo pueda crecer sano, ir a una buena escuela privada, tener ropa nueva y vivir en una casa cómoda y grande.
Nada era gratis en este mundo.
Todo requiere dinero. Dinero para el médico, pediatra, dinero para la escuela, para la casa, para la enfermera que ayuda a mi madre. Todo requería dinero, absolutamente todo.
Es por eso que daba todo en mi trabajo.
Jamás falte al trabajo.
Pensé que estaba haciendo lo correcto.
Pero…
No fue hasta cumplir mis 45 años que me di cuenta de que estaba equivocado.
Lo supe luego de sufrir dos duros golpes que sacudieron todo mi ser.
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